Kiosco “Mamá Margarita”
La historia de este emblemático lugar que cumple 51 años
Si hay algo que caracteriza al colegio Don Bosco de Mendoza es su célebre kiosco llamado “Mamá Margarita”, cuya historia comenzó el 24 de noviembre de 1974. Desde ese día ha funcionado ininterrumpidamente en la institución llevando el carisma de la madre de San Juan Bosco a cada estudiante, joven y docente que pasa por sus lares.
Según su reseña histórica, todo comenzó con la organización de ferias de platos que las mamás preparaban y vendían para recaudar fondos. Aquellas primeras iniciativas tuvieron un gran éxito y abrieron el camino para nuevos proyectos.

En 1974 asumieron la administración del pequeño kiosco, que por aquel entonces no era más que dos tablones a la intemperie, hasta que con el tiempo lograron construir un espacio más amplio y bautizarlo “Mamá Margarita”, en honor a la madre de Don Bosco y a su ejemplo de entrega y acompañamiento.
A lo largo de estas décadas, figuras claves como Amelia G. de Puig — primera responsable y coordinadora durante veinte años— y luego María Elena de Artal, sostuvieron con dedicación cada actividad, encarnando el espíritu solidario que dio origen a esta unión.
Hoy en día, las mujeres que coordinan este espacio lo siguen construyendo con gran vocación salesiana y dulzura, dos rasgos esenciales que ponen en práctica cada día, especialmente cuando la calma se altera en los recreos y los más chicos –y no tanto– se dirigen entusiastas a comprar su merienda. En ese momento, la mirada maternal de las “mamás Margarita” sigue jugando un papel fundamental.
TESTIMONIOS DE NUESTRAS MAMÁS MARGARITA
Natalia es colaboradora desde el año 1998 y nos compartió su profunda conexión con la institución. Su vínculo inicial se forjó a través de su hijo, quien cursó en el colegio desde jardín hasta quinto año del secundario. La llegada de Natalia, según relató, se dio en un momento personal difícil.
Tras enfrentar una depresión, le aconsejaron participar en esta obra, lo cual le resultó de gran ayuda. Afirmó que el kiosco la «levantó» y que, hasta el día de hoy, continúa cooperando con alegría, ya siendo abuela. Su compromiso se basa en la enseñanza de Mamá Margarita de «dar sin esperar nada» y de «ayudar a los hijos, aunque no sean propios», una filosofía que ella abraza con cariño.
Por su parte, Carina, ha sido una figura constante en el kiosco desde el año 2000. Su vínculo comenzó cuando sus hijos ingresaron al colegio. En ese entonces la invitaron a participar y, aunque inicialmente tenía dudas, la experiencia la cautivó por completo. Además, expresó su satisfacción por atender a los niños y colaborar con las madres, destacando que venir todos los viernes es «lo mejor que me pasa en la semana».
Por último, Rosana, ha dedicado gran parte de su vida al colegio, primero como maestra del nivel primario desde el año 1983, y luego, tras 36 años de trayectoria docente, como voluntaria en el kiosco. Su vínculo con la institución es profundo, siendo madre de un ex alumno y esposa de otro. Rosana explica que su motivación para continuar en el colegio, incluso después de jubilarse, proviene de su amor por Mamá Margarita, inspirándose en su figura y destacando su labor como cofundadora de la Congregación Salesiana junto a Don Bosco.
“Mamá Margarita no solo fue la madre de Don Bosco, sino que también se convirtió en la madre de los niños huérfanos que él asistía”, comentó Rosana. Y agregó: “Entendió su misión desde el momento en que concibió a San Juan Bosco, inspirada por la Virgen María”.
Con un espíritu de servicio y amor, Rosana y sus compañeras brindan su tiempo «totalmente ad honorem», considerando que su «paga» es el amor y el reconocimiento de los niños, así como la satisfacción de estar en la «casa de Don Bosco».